jueves, 3 de marzo de 2016

UN ERGÓMANO OCIOSO


"Trabajo absoluto", Galería Espacio Mínimo
16 de Enero - 5 de Marzo

P.Victoria García Rodríguez



Tic, tac, tic, tac. Éste sonido repetitivo impulsa una vida frenética, agobiando y trastornando a los habitantes de la gran ciudad, y en extensión a todos los seres humanos. Desde Salvador Dalí hasta Ingmar Bergman en Fresas Salvajes, se recupera el reloj en las obras como signo de amenaza, , de cierto impulso obsesivo de un progreso sin regreso. La mirada es imprescindible para ser conscientes del paso del tiempo, si uno no mira el reloj, las horas pasan volando y no entramos en acción,  en esa inercia rutinal de la vida, en el más puro aburrimiento. Todas las obras del reconocido escultor vasco Juan Luis Moraza son recogidas en la exposición “Trabajo Absoluto” de la Galería Espacio Mínimo, hablan de conceptos complejos, quizás de temas olvidados en esta sociedad capitalista. Cada día es distinto del anterior, pero alberga todos los símbolos y detalles que el que le precedió de tal forma que no deja lugar al tiempo contemplativo. Igual por eso está un poco en desuso el paisaje en esta sociedad modernizada. Hay un deseo poder tenerlo todo, de una vida mejor, que manipulado a través de un sistema capitalista y sus diferentes medios de producción se va transformando en un deseo de trabajar para tener. De ahí que las sociedades más avanzadas industrial y tecnológicamente hablando, sean adictos al trabajo como si éste fuese una droga que otorga placer, un placer que se consigue a través del desgaste del cuerpo. A través de la repetición de acciones ocupamos tiempo “útil” y el resto de ese tiempo lo dedicamos a las actividades de ocio, vistas ya como una clara pérdida de tiempo. 
Moraza es un escultor de taller, en ese espacio sólo está él, como hombre, y un deseo irrefrenable de hacer y de ser. Tras numerosas exposiciones, entre ellas la destacable república en el Museo Reina Sofía, ha logrado posicionarse como artista conceptual, yo diría que mitólogo, que a través de la puesta en valor objetos artísticos cotidianos como herramientas, calendarios...altera las cualidades de la propia condición humana. 

Como profesor universitario, no faltan las enormes pizarras de la sala que recoge “Nofondos”, de fondo negro con garabatos blancos, tomando éstos la forma de una escultura tridimensional surgida de la pulsión del desgaste, valorar la mano del artista en cuanto a creador de dimensiones, con esas estelas de yeso simulando tizas,  y también de relaciones ausentes. Ésta muestra en concreto, y en general, todas las exposiciones dejan ver a un artista moral y ético, comprometido y político también, pero quizás demasiado políticamente correcto. El gran “Calendario de fiestas laborales”, toda una recopilación de frases contundentes, unas más lapidarias y otras con un tono más satírico. Veo en Moraza una tendencia a enseñar, totalmente legítima y sin intención de adoctrinamiento; sin embargo en esta pequeña exposición me falta algo más visceral, más potente...quizá se haya dejado llevar mucho por sus orígenes racionalistas vascos. Aún así una obra deja claro el mensaje: el tiempo corre, se consume  en “La fiesta como oficio” y lo único que has hecho es hacer.

El resultado final de todo un proceso de elaboración tanto a lo que alude el artista, como en el que ha realizado él desde el taller, es una muestra o una huella, un documento gráfico o una prueba megalítica de tu esfuerzo por encontrarte a tí mismo y a la vez desvelar pulsiones instintivas inherentes al ser humano. El objetivo es revelar el vínculo entre el sujeto y el objeto, surgido del deseo de hacer, diría que de un deseo de materializar algo interno, curando así la herida. 

PARANOIA ABSOLUTA

Trabajo Absoluto, Juan Luis Moraza, Galería Espacio Mínimo.
desde el 16 enero hasta el 5 marzo 2016, Madrid.
Sara Franco Vázquez

El término que más destaca es “trabajar”, según Moraza es aquí donde se ofician los deseos, el trabajo constante, dedicación, concentración, dificultad, sacrificio todo esto forma parte de la acción que nos construye y deforma a la vez. La idea de “trabajo absoluto” aplicada a nuestra vida en todos los aspectos (sentimental, descanso, cuerpo, etc.), es realmente un instrumento acumulativo de nuestras experiencias, para cada campo específico existen distintos expertos, academias que ayudan en el aumento de la labor del trabajo. Juan Luis Moraza es doctor en Bellas Artes por la UPV-EHU (1994), miembro fundador del Colectivo CVA (1980-85) es su primera obra individual, ha estudiado la relación del arte con la sociedad  y el diálogo de los museos con el público. Relacionada con otras anteriores como Implejidades (2010) donde se tratan las dificultades de las instituciones culturales y de su implicación en la sociedad, Software (2011) y República (2014). La obra se transforma en un espacio democrático, donde el público interactúa directamente con las instalaciones, una república en la que los observadores se vuelven activos para participar en el espacio expositivo.
La exposición está compuesta por cuatro obras complementarias, “la Fiesta como oficio” (el trabajo se expande espacial, temporal, funcionalmente entre lo que no está prohibido y lo meramente obligatorio), “Calendario de fiestas laborales” (situado en la entrada de la galería, donde los 366 días del año individualmente es un aforismo sobre este trabajo absoluto, cada día se marcan tareas distintas que no excluye el trabajo en los días de fiestas, es constante), “Erosis” (con la materialización de las figuras antropocéntricas en yeso, la definición de lo que no existe es lo que nos define), “Nofondos”(el uso del signo gramatical contrasta con las figuras). Para el artista es gratificante el proceso de creación artística, trabajar con esfuerzo supone un goce que actúa como recompensa de la acción en el trabajo. No solo debe celebrarse el día 1 de Mayo, día festivo de los trabajadores, el resto de días también se tiene oficio, no paramos de trabajar, esto lo repite constantemente en el discurso haciendo ver de forma directa y obligatoria, que debemos realizar un trabajo por construir una narrativa, un discurso personal e interpretativo de la exposición.
El trabajo absoluto es lo que se refiere a la acción constante del ser humano, tenemos un instinto nato de manufacturar, además también crea una distinción entre el trabajo de goce y obligatorio, todo por conformar nuestras experiencias. En la “fiesta como oficio” situado en un lugar estratégico y agobiante, está relacionado con el mensaje, la conciencia de la alerta del tiempo que de forma controladora dejamos que se diluya con el infinito trabajo que la  mayoría de las ocasiones aportan frustración, acostumbrados al trabajo total o absoluto, nos engañamos pensando que no perdemos el tiempo ya que es ocio, y realmente vivimos para trabajar. Esto critica minuciosamente el hecho de que este abuso de condiciones laborales hacen que estemos dominados y en peligro, el tiempo se diluye en el espacio en un estado constante de alerta.

Esto último no podemos obviarlo, en la teoría se trata de crear a través de la narración expositiva, espacios democráticos interactivos donde el público transita entre las obras, formando parte del discurso. Alusiones a la educación y al aprendizaje con las figuras antropométricas y las pizarras como “Ceci n’est pas une republique”, una vez que el material se ha construido, se procede a la deconstrucción del concepto, como un borrón y cuenta nueva. Un estado paranoico mental es el que prima cuando analizamos los conceptualismos que se aprecian en las piezas, además de la ubicación de las instalaciones.



TRABAJO ABSOLUTO, Juan Luis Moraza, Galería Espacio Mínimo, 16 Enero-5 Marzo 2016.

Tamara Salas Fortes.

LA INCOMPRENSION DE LA VERDAD.

Primera exposición individual del escultor vasco en la galería espacio mínimo en la expone cuatro de sus obras entre las que se encuentran algunas como calendario de fiestas locales, o Erosis .Escultor cuya oba también ha sido alojada y acogida en el Museo Nacional Centro Reina Sofía con la exposición República abierta al público a finales de 2014. Si tuviese que definir de alguna manera qué es arte tendría serias dudas a la hora de elegir la definición que desde mi punto de vista más se acerca a lo que siento como arte. La transmisión, la comunicación no es posible si alguno de los sujetos que intervienen en el encuentro no consiguen establecer ese hilo de unión aunque ésta  sea momentánea, fugaz o intermitente, pero ¿Qué ocurre cuando vas a ver una exposición y sientes que nada de lo que estás viendo te llega?¿es el artista o soy yo?¿será demasiado para alguien como yo?¿me faltará preparación, sensibilidad, intuición…?el arte es un vehículo de expresión que consiente y permite plasmar la esencia de una persona de la manera más sincera posible, el arte se moldea tanto como la genialidad de una persona quiera, el arte permite una variedad tan amplia como la mente sea capaz de imaginar,  pero al mismo tiempo  establecer una conexión o una relación con el espectador también tiene una gran importancia. No cabe duda de la convicción del escultor en su obra, es probable que la comprensión de los visitantes sea mucho más inmediata que la mía, pero no se puede dar por hecho que todo lo que el artista crea será creído por aquellos que irán a observar y conocer su obra. Cuando la angustia, la incomprensión y el interrogante persiguen y se interponen entre la obra y el visitante y gana espacio a medida que se avanza en el recorrido la sensación oprime y evita la posibilidad de disfrutar e ir más allá de la lectura básica. La necesidad de producir se plasma como obra de arte, pero la comprensión de la obra es de vital importancia. El discurso de un artista puede tener una potencia indescriptible pero esto no es sinónimo de entendimiento, en ocasiones la obra no evidencia el discurso por mucha intención que haya o pretensión de transmitir. La lectura de una exposición no siempre es fácil pero en este caso es complicada. El artista alude en esta exposición al concepto del trabajo, al hecho que se atisba cada vez más en esta sociedad en la que cada actuación y cada actividad esta profesionalizada, hemos de rendir y dar resultados, ser productivos en cada actividad que realizamos, dar para obtener, hacer para conseguir, actuar y obtener respuesta y beneficio de un modo u otro, pero si esta es la intención del artista ¿Qué ocurre cuando el espectador no consigue comprender qué es lo que se está exponiendo o presentando?¿Se considera una ausencia de resultado de la actividad artística? No siempre la respuesta es la esperada pero si al menos hay una existencia de respuesta entonces ya se ha conseguido, pero cuando no se produce una contestación es porque no se ha establecido una relación y creo que eso es imprescindible, el arte debe provocar, estimular, comprometer, incitar, inducir en definitiva alborotar de un modo u otro, no pongo en cuestión ni dudo de la capacidad del artista pero la ausencia de conexión es inevitable. La galería no ofrece un espacio demasiado amplio para la exposición pero creo que no radica en eso la cuestión, pues una sola obra al margen de la dimensión o el formato puede revolucionar, no es este el caso.


WORKAHOLISM

Trabajo absoluto. Juan Luís Moraza. Galería Espacio Mínimo. C/Doctor Fourquet. 16/ene/2016 - 05/mar/2016

MOGARRA CERVERA, Juan Antonio.

Espacio mínimo frente a tiempo máximo, es lo que se encuentra el visitante al enfrentarse a la muestra de Moraza. Arte conceptual de -corte social- en donde el receptor se siente desbordado, saturado de información, y donde ya no se distingue la figura del fondo. El artista ha tomado –para su trabajo absoluto- referencias donde confluyen teorías político-económicas, así como antropomórficas y psicopatológicas.

Esta Fiesta alude a una conmemoración funeraria encubierta por la desmemoria. La amplitud de la información desplegada –a través de los aforismos- traslada al sujeto todo un compendio de creencias, valores y sortilegios acerca del trabajo que se despliegan ante él. En el mismo calendario se yuxtapone información sobre el día, información astrognómica y astrológica. En una sola hoja un compendio de la identidad del sujeto en un día concreto; el trabajo (el de cada cual) y cómo lo define y le define, su duración y cómo puede influir en su temperamento la posición estelar. Ni siquiera disponer de un día más implica una libranza.

Este tiempo de asuntos propios es un tiempo que nunca llega, que se resta a un futuro imposible mediante un presente que no deja de retroceder pero, a su vez, se encuentra estancado y bunkerizado. El individuo-trabajador es consumido a través del reloj que avanza hacía el 0 absoluto. Ese sujeto simulado a través del reloj (con sus latidos) se encuentra atravesado de las señales de precaución ¡peligro por obras! El mismo es una obra que avanza inexorable hacía su autodestrucción. El trabajo nos envuelve en esa noción ibérica de la obra, de la construcción, pero también de la tragedia, del peligro sobre algo a medio derrumbar, la proximidad inminente de la catástrofe.
El trabajo es lo que nos constituye y destruye, como esa bomba de relojería en el sótano que con su tic tac, anuncia la cuenta atrás; de la sirena de la obra, del fin de la vida laboral, del fin de una parte de la identidad del sujeto o de su propia vida como tal fue. Ante esta perspectiva algunos han optado por el desgaste onanista del trabajo convertido en pura adicción. El tamaño desmesurado de los erosis, clara connotación sexual surrealista, alude, por otro lado, a la ruina del cuerpo a lo largo de la vida. Desde las (p)enérgicas y afiladas juventudes hasta el taco desgastado de la senectud. También y, en relación con uno de los aforismos de la fiesta del trabajo, si compartimos la afirmación de que …el trabajo es la cocaína del pueblo, en esa erosión pituitaria, vemos la depresión del ánimo cuando abrimos y no queda más que plástico tenido de polvo. Aún así algunos en esa erosis nasal-mental chuparán compulsivamente en busca de los últimos resquicios de placer.
Complemento del anterior, el goce del trabajo puede llevar en su propia erosión o barroquismo por fricción autocomplaciente, dando como resultado un borrado del signo en el palimpse(x)to por una hipertrofia de la recurrencia de semiosis. Nos encontramos ante el “bloc mágico”, enlazado con la pulsión de la destrucción creativa.
Condenados a la conectividad perpetua del ser humano, que hace estar disponible en todo momento, el homo ludens se transforma en eslabón entre el capital que obtenemos con nuestro esfuerzo y la consumición del mismo. Como decía Guattari el sujeto no es sólo un mueble extraño, es también algo conectado permanentemente, un avatar maquínico, una ficha más en el trueque general de bits. Los piratas de Silicon Valley no sólo nos han robado la cartera, también el reloj y nos encontramos atrapados en la repetición perpetua del día de la marmota; I`ve you babe.

miércoles, 2 de marzo de 2016

MANIANTAL DE TRABAJO

“Trabajo Absoluto”, Juan Luis Moraza - Galería Espacio Mínimo

Desde el 16 de Enero hasta el 5 de Marzo del 2016

Laura Rebolledo Rodríguez

El escultor Juan Luis Moraza expone por primera vez de manera solitaria en la Galería Espacio Mínimo. Un artista ya reconocido y reputado del panorama artístico nacional, como hace eco su gran exposición “República” en el MNCARS el 2014. En esta ocasión su obra se presenta como un avance o un desarrollo de lo que han ido siendo todos sus últimos trabajos, los cuales ahora desembarcan en “Trabajo Absoluto” son pues, sujeto y trabajo las bases de este nuevo proyecto.

En la galería se presentan piezas tales como “Calendario de fiestas laborables”, un calendario con sus respectivos 356 días del año desglosados, los cuales se enfrentan a otro en formato de taco. Dichos calendarios se presentan con la particularidad de ser todos ellos 1 de Mayo, día festivo, día internacional de los trabajadores… Una celebración que reacciona como aforismo acerca del trabajo absoluto, “Cuando sentimos que trabajamos, recordamos el sufrimiento, y pensamos que el descanso nos librará de él” una cita que hace eco a su instalación “La fiesta como oficio”, donde el tiempo corre hacia atrás. O con otras citas tales como “El gran manantial del trabajo es la variedad”. Un calendario evocador a recordar quizás que todos los días de año se han de festejar y celebrar el trabajo, pues bien, para el artista, trabajar es un gozo, hecho que coincide con las declaraciones del ilustrador valenciano Paco Roca, quien afirma para el periódico El Cultural; “Las buenas ideas nos surgen todos los días, por eso en necesario tener oficio”. Una pretensión quizás no al gusto de todos y quizás menos para el espectador paseante de calle, pero que afirma el gran hacer de cualquier artista.

El discurso de Moraza afirma que durante toda nuestra vida producimos un trabajo absoluto, el cual nos construye a nosotros mismos y nos destituye, no es esto más que una realidad de una laboriosidad de lo real, a modo del trabajo absoluto, así como “La Guerra Total” de Clausewitz y donde juega entre el mismo paralelismo, movilizando todos los recursos posibles para lograrla. En el caso de Moraza se refiere quizás a un conjunto de experiencias que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida y las cuales captamos a través de numerosos métodos que contribuyen a nuestra experiencia. Pero volviendo de nuevo a la pieza anteriormente mencionada; “La fiesta como oficio”, una instalación angustiosa y deprimente. El autor hace seña de un tiempo que nunca llega, y que resta, un futuro imposible mediante un presente que no deja de retroceder y que se queda estancado. Una metáfora del descanso del trabajo, el cual siempre se resta. Un reloj discontinuo, bombillas y bandas a modo de emergencias, nos recuerdan de estar en estado de alerta, el tiempo se acaba…

Remitiendo a la idea anterior de todos aquellos factores externos que colaboran a fomentar nuestra experiencia en base al trabajo “Erosis (Oficios de goce)” y “Nefondos” nos vinculan a la escuela, pizarras y tizas, a la base de la educación y de la creación, al que hacer continuo. Figuras antropométricas desgastadas realizadas en yeso, a modo de vaciado académico de cualquier escultura clásica, pero esta vez desgastadas, y unas pizarras negras sobre lienzo bañadas de tiza blanca, que representan la base y la materia, una materia ya derrochada y que ha cumplido su papel, ya se ha realizado, ya ha trabajado.

Quizás el artista, se reinterprete en una de esas tizas gigantes antropométricas y se sienta realizado con su trabajo, en su laboriosa obra, a modo de artista y modelo. Él mismo se recrea como propio modelo en su escultura reflejando la obra maestra desconocida de Balzac en su propia piel, en su propia obra.


Productos de la indefinición

Productos de la indefinición
Juan Luis Moraza, Galería Espacio Mínimo, (16/01/2016 – 05/03/2016), Madrid
Esther Álvarez Herrero

La primera obra Calendario de fiestas laborables, está formada por dos piezas, un calendario de taco en el que se puede leer la primera propuesta crítica de la exposición: “El trabajo es una mera continuación de la política por otros medios”; y la segunda, un despliegue de las 366 hojas que forman ese taco. Se trataría de una alusión a este 2016 probablemente que es un año bisiesto. En las consignas que muestran se pueden leer mensajes contundentes en los que defiende que los límites entre trabajo y ocio están desdibujados en la sociedad actual. Para ello recurre a conceptos como el de “trabajo absoluto” – que por otra parte es el título general de la exposición – que para el: “es un trabajo forzado que se reconoce como ocio; y es un ocio forzado que se reconoce como trabajo”. Usa otros términos como el trabajo total que resultaría de la “totalización de los esfuerzos humanos y económicos, industriales y estratégicos, sin que ninguna región, ningún grupo quede fuera de la factoría universal”. Términos como rendimiento, industrialización, mercancía nos muestran bajo una visión crítica que en el mundo actual el que no trabaja no es nadie, es una persona, como dice Moraza, con una “existencia indigna”, y por ello nuestra sociedad nos hace, de manera obligada, convertirnos en un “buen producto”, atractivo para una empresa en el peor de los sentidos. Habla de sometimiento, de normas establecidas y de falsas libertades que mueven un sistema social y productivo totalmente controlado, en el que el trabajo se plantea como una servidumbre del sistema. Somos buenos o malos productos, valiosos o deteriorados, innovadores o anticuados, somos etiquetables por lo tanto, y esas etiquetas las tenemos tan asumidas que son en la mayoría de los casos inconscientes y marcan nuestro posicionamiento y nuestras dinámicas o rutinas, del mismo modo que nuestros objetivos.

Además, no sólo relaciona el tiempo de trabajo y el tiempo del ocio, sino que alude más concretamente al tiempo de descanso, a la improductividad de no tener oficio o del placer de decidir no hacer nada. Y, aunque opuestos, Moraza cree que el tiempo que se dedica a cada “actividad” se desdibuja en la actualidad: “A veces el trabajo está tan cerca del descanso, que muchas veces se descansa trabajando, y otras se trabaja descansando”. No existen límites, aunque la conclusión final sería que, en una era, como la nuestra, de la productividad, el trabajo ocupa, sino nuestro tiempo, si nuestra mente durante todas las horas del día y probablemente durante toda nuestra vida, pues como decía Moraza, nosotros somos el producto.


Todas estas consignas, a las que nos acercamos de manera visual las volvemos a encontrar, esta vez a través de una instalación, repetidas por personas anónimas en la Fiesta como oficio. Un reloj cuyas flechas giran yendo hacia atrás en el tiempo, es planteado como una pira, como nos dicen en la información de la galería, en la que “la vida entera se consume y es consumida”. Nos remite a una pira de fuego, un poco encajonada, alrededor de la cual reunirse para formar parte de algo mayor, que nos afecta a todos. Estos dos trabajos, dentro de la exposición, se complementan realmente bien y su comprensión es muy clara. No lo son tanto Erosis que relaciona el desgaste de sus figuras con la fricción que supone el ser y el existir; y Nofondos en la que parece que esas figuras han sido utilizadas para dibujar sin aparente patrón los paneles realizados en pizarra negra. Es “la lógica del signo”, la lógica de una vez que no sabemos qué decir o cómo decir, lo mejor es borrar pues de ese gesto y su resultado quizá podamos aprender más. 

martes, 1 de marzo de 2016

ANDAR –Y REIR- SIN PIES… A VECES


ANDAR –Y REIR- SIN PIES… A VECES

 

20 de enero a 30 de marzo de 2016

Galería Elvira González: Juan Muñoz

 

Carlos Pérez Pestana

 

            En esta exposición la galería Elvira González ofrece una selección de la obra de este  polifacético artista que, entre las muchas actividades a las que se dedicó está la colaboración con John Berger en un obra radiofónica. En esta muestra la galería ofrece parte de la obra del artista realizada poco antes de su prematuro fallecimiento en 2001 con tan solo cuarenta y ocho años. En la exposición predominan los espacios dedicados a la escultura, en bronce o materiales sintéticos, aunque también se presentan fotografías sobre acetato, algún dibujo realizado con óleo en barra y también algún otro en el que el artista utilizó técnica mixta.

            Juan muñoz, en su faceta como escultor, vuelve a reivindicar la escultura clásica de bulto redondo pero sin que ello suponga renegar de su pertenencia a una vanguardia que enfrenta al hombre actual con su tiempo y sus contradicciones: sus figuras ríen, aunque una de ellas lo haga tirada por el suelo y su risa, de manera un tanto macabra, la provoque otra figura colgada del techo, ahorcada según parece; otra, de terracota, nos observa desde un púlpito formado por un armazón de perfiles metálicos y paneles de chapa perforada, también metálica; en una pared, dos figuras divertidísimas se jalean mutuamente compartiendo chistes y charadas y, en fin, sus figuras, todas de rasgos orientales, ríen y ríen, solas o en grupo, con o sin pies, como si el autor hubiera querido impedir que, en caso de cobrar vida, escaparan a las calles para reírse de los pobres y desgraciados transeúntes que, cariacontecidos, deambulan agobiados por sus cotidianas preocupaciones… Pero, ríen y ríen, de momento de ellas mismas; también las reflejadas en un espejo que, a su vez, refleja la sala que alberga la exposición.

            ¿Es intimista la muestra y, en general, la obra de Juan Muñoz? Así ha sido considerada por buena parte de la crítica y si nos ceñimos a los dibujos de interiores, vacíos de personajes, expuestos y a las fotografías entre las que se encuentra la de la escalera en vista cenital –o casi- tan traída y llevada – recordemos la secuencia de la escalera de la película Orfeo Negro de Marcel Camus del año 1959- podríamos decir que así es. Pero las esculturas llevan la contraria a esta visión del arte de Juan Muñoz: sus rostros risueños y orientales parecen reprocharnos la suma de estúpidos afanes que, en parte, ocupan lo cotidiano de nuestras vidas: nuestro amor al becerro de oro, nuestra confusión entre el dinero y la riqueza y tantas y tantas estupideces que muchas veces nos sumen en océanos de inquietud y angustia. Y así, ¿podemos llamar intimismo a todo esto? No parece que este mensaje que estas esculturas proyectan nos hable solamente del interior de su autor –toda obra de arte no deja de manifestar una parte, al menos, del mundo anímico de su creador- sino también se dirige al exterior que ocupamos, aunque sea tan solo para reírse de nosotros, proyectando una mueca burlona del artista sobre nuestro mundo y sus afanes, que siempre nos parecen absolutamente trascendentes.

En fin, en la obra que ahora expone la galería Elvira González, Juan Muñoz conjugó lo clásico con lo vanguardista, pero haciendo hincapié en un mensaje –al que en ningún momento renuncia- que presenta como camuflado en las risas congeladas de sus esculturas; risa creadas para hacernos pensar y, por qué no, hasta avergonzarnos un poquito.

Resulta triste pensar en su prematura muerte, a causa de un aneurisma. De no haber sido así ¿Cuánta obra más podría habernos dejado? En cualquier caso, sólo quedaría decir: “Descanse en paz”.