jueves, 3 de marzo de 2016

Juan Luis Moraza

TRABAJO ABSOLUTO, JUAN LUIS MORAZA. EN LA GALERIA ESPACIO MINIMO, DEL 16 DE ENERO DE 2016, AL 5 DE MARZO DE 2016.
FÁTIMA MORENO DE ALBORÁN DE COMINGES
Juan Luis Moraza realiza una exposición un tanto inquietante y estresante, donde introduce elementos ya vistos en otras de sus exposiciones, tales como las pizarras, además de nuevas obras que dan conciencia del tiempo y del trabajo impuesto al ser humano en una sociedad donde es imprescindible para vivir.
En su primera obra expuesta en la galería, nos encontramos una gran pared blanca con un taco de hojas de calendario pegadas a la pared y en el primero encontramos el día uno de mayo, donde se marca un horario de luna y de noche, abajo el día de la semana y finalmente una única frase, `El trabajo es una mera continuación de la política por otros medios´.
Esta primera obra forma conjunto con la que esta enfrente, `Calendario de fiestas laborables´, se trata de hojas de calendario con el mismo formato de la que esta inmediatamente enfrente, el mismo día marcado, uno de mayo, pero los días de la semana van variando a pesar de que siempre es uno, estas tiene frases diferentes, tales como,. ` El sueño de la razón produce trabajos´ o `Cualquier realización de cualquier utopia conlleva un trabajo´, las horas de sol y luna también cambian en todas ellas además que viene marcado el ciclo de la luna.
Todas las frases de esta obra remiten al trabajo del hombre, además de que el uno de mayo es la fiesta del trabajo, la única fiesta laica que se celebra a nivel mundial y que expresa continuamente en esta obra donde el trabajo del hombre es fundamental para su inserción en la sociedad. Los calendarios expuestos en la galería marcan bien las horas de sol, para trabajar, y de luna, para dormir, el día de un trabajador dividido en dos horarios diferentes inamovibles.
La siguiente obra, `Erosis´, se ubica en una  pequeña sala donde encontramos hasta diez tizas de casi nuestro tamaño, erigidas como tótems y junto a estas en la pared se encuentran diferentes pizarras todas ellas pintadas con las tizas.
Las pizarras son un elemento recurrente en sus exposiciones que ya a usado en muchas otras, estas pizarras nos remiten a lo educativo, aulas donde enseñan a los niños desde pequeños el valor del trabajo y como es importante para su futuro. Desde un principio todos estamos dirigidos y mentalizados de que lo importante es el trabajo, la importancia de llegar lejos a través de el, es decir conseguir una casa, vivir por uno mismo, a través de un trabajo perpetuo que no tiene final a lo largo de nuestras vidas.
La siguiente obra `La fiesta como oficio´, la encontramos tras bajar unas escaleras, es la más estresante de todas, donde encontramos según bajamos un gran reloj en el suelo, de fondo negro y agujas blancas, que nos da la hora mientras de fondo suenan diferentes frases que también encontramos en los calendarios de la primera obra, en voz de diferentes personas, tanto mujeres como hombres de diferentes edades. En el techo en cambio encontramos una serie de cintas de obra con franjas naranjas y negras, cadenas de los mismos colores y una serie de luces que dan esa luz amarillenta a toda la sala, lo que crea una atmosfera un tanto diferente que junto al reloj te hace sentir un tanto agobiado, como si el tiempo se escapara. Me llama la atención la atmosfera que se crea y las frases que se repiten que remiten continuamente sobre el trabajo, que junto al sonido del reloj mientras los segundos de la vida pasan, produce una sensación de inquietud nada agradable.


LA INESTABILIDAD DEL SIGNO

LA INESTABILIDAD DEL SIGNO. Juan Luis Moraza. Galería Espacio Mínimo. Marta Souto Martín

La vida social y las relaciones interpersonales que se inscriben en ella, entran en conflicto con la vida íntima y el encuentro subconsciente con el yo lacaniano. Podría decirse que en esta lucha por la supervivencia, nos vemos obligados a autoafirmarnos constantemente en una negociación de nuestra propia subjetividad con el otro. Del mismo modo, pertenecer a una cultura conlleva establecer un pacto con la ciudadanía, que nos compromete a sacrificar parte de nuestra individualidad para garantizar el bienestar común. Y mientras los individuos se diluyen en la crisis de identidades de la era global, la cuestión del trabajo se expande-la noción de “campo expandido” presente en Rosalind Krauss (La escultura en el campo expandido)-, y la oficina se descentraliza-así como la relación objeto-referente en la obra de Juan Luis Moraza-.

En la muestra se hace del trabajo un espejismo de duplicidades, que se dilatan e invaden la noción de tiempo libre, y se construye una sinonimia con el goce o la fiesta. En suma, con algo soportable. Además, la distancia que antes separaba la jornada laboral del tiempo de ocio y descanso es hoy una línea indiscernible,  y el oficio una forma de estar en el mundo. Esta concepción materialista del ser se manifiesta en trabajo absoluto. A través de una apropiación consciente y reflexiva de ciertas convenciones, en este caso desde una lógica marxista, el artista problematiza la normatividad de la significación y da lugar a un encuentro abierto entre el autor de elaboración-artista-, y el autor de interpretación-públicos-, que se conectan con la experiencia de la obra en su presencialidad.

Asistimos, por tanto, a una reflexión sobre el sistema de producción, tanto de capital simbólico-conocimiento dado en las escuelas-, como de capital económico. En Erosis se evidencia la disfunción de la herramienta ante la imposibilidad de ejecutar la acción: las erosiones de las macro esculturas antropométricas nos hablan de una correlación entre la calidad de la enseñanza, o su precariedad, y la profesionalidad de los futuros trabajadores, que dejan atrás la etapa de aprendizaje y se centran en la cotización de sus vidas También los lienzos de pizarra emborronados nos invitan a pensar que solamente desdibujando, desaprendiendo, podremos construir nuevas formas relacionales y descifrar sus mensajes.


Suele decirse que la educación es la base del desarrollo de los pueblos y el trabajo su fuente de riqueza. Sin embargo, Moraza descodifica este tipo de aforismos y hace un ensamblaje con la biopolítica foucaultiana. En alusión al texto de Jonathan Crary, la jornada laboral es la representación de nuestra propia condición de alienados-la posibilidad de estar las veinticuatro horas del día, durante toda la semana, conectado a un dispositivo de control-. Paralelamente, en este conjunto de oposiciones, el calendario académico imposibilita la libre determinación de los escolares, y la acumulación de conocimiento se torna en un complejo escenario de repeticiones mecánicas. La tiza se convierte en una metonimia de la clase, y las pizarras, inalcanzables en lo alto, evidencian la crisis del sistema docente. El maestro ya no enseña deleitando, como dijera Horacio, ni tampoco respeta el principio de creatividad o autonomía del saber. 

Vivimos en la brecha sociológica de lo contemporáneo, donde el aprendizaje se muestra como una actividad baldía sino conduce a la generación de nuevos perpetuadores del statu quo. La semiótica del trabajo es extensible a la noción del tiempo como ordenación de nuestras edades-así como el tiempo que va a contrarreloj y retrocede sobre los pasos andados-. Encuentro claustrofóbica la instalación de La fiesta como trabajo. Hay una dimensión mimética de la realidad que nos atormenta en su devenir caótico-las cadenas que te prohíben el paso, las balizas que te avisan de que hay peligro, las redes de lo rutinario-. Es evidente que la certeza no existe y ante esa hipocondría, solamente queda ordenar los días, aunque sea a jornada completa. 

Lavorare per vivere o vivere per lavorare?

La mostra che si terrà dal 16 gennaio al 5 marzo 2016 nella galleria d'arte Espacio Minimo di Madrid, ospita concretamente quattro opere dello scultore Juan Luis Moraza. L'artista, ormai più che riconosciuto nel mondo dell'arte, dove comincia a organizzare mostre dagli anni '80, ha già realizzato varie esposizioni in importanti poli museali come il Museo Reina Sofía di Madrid o il Guggenheim di Bilbao. La mostra allestita nella galleria Espacio Minimo è la prima mostra individuale dell'artista e si presenta come lo sviluppo di lavori precedenti come "Implejidades" (2010), "software" (2011) o "república" (2014).
L'artista affronta attraverso le sue opere principalmente il tema del lavoro e ciò che questo rappresenta nella società attuale. Viviamo in un'era in cui vige la legge del capitalismo e del consumismo, in cui l'obiettivo della società è la produzione di massa e si misura il rendimento di una persona attraverso la sua produttività e l'utilità che può apportare all'immensa catena di montaggio che è la società attuale, svalutando così il significato stesso dell'azione e del termine stesso "lavoro". Ma come ben sappiamo, questo è un tema già abbastanza visto al giorno d'oggi. Non è proprio questo ciò di cui trattano le opere di Juan Luis Moraza.
Moraza da uno sviluppo ulteriore al tema e vuole mostrare in realtà la linea sottile che divide il lavoro come obbligo dal piacere di lavorare. Il lavoro non deve essere visto per forza come una sofferenza alienante dell'essere umano. Le sue opere sono esse stesso lavoro ed è in quest'attività dove ogni persona può esprimere la propria intelligenza, creatività, passione ma al contempo sacrificio, dedizione e sforzo. Esiste un confine molto labile tra questi due modi di intendere e affrontare il lavoro, un confine che sembra destinato a sparire in una società e in un mondo in cui il tempo sembra essere diventato denaro, dove chi non corre resta indietro e la competizione è diventata la principale ragione di vita dell'industria. Non si misura più la qualità del lavoro bensì la quantità ed è strumentalizzato qualsiasi aspetto che fa parte della vita dell'essere umano, compreso l'ozio che non viene più inteso come "ricerca del benessere per se stessi" ma come "tempo levato alla produttività e al lavoro". Una vera e propria corsa contro il tempo. È proprio il tempo il protagonista dell'opera "La fiesta como oficio", il suono delle lancette che accompagna come una specie di melodia il passare dei 366 giorni del calendario affissi sulla parete in "Calendario de fiestas laborales". La particolarità delle opere però sta nel fatto che, nella prima il tempo scorre al contrario, e nella seconda i 366 giorni dell'anno del calendario sono il 1° maggio, la festa del lavoro, e ogni foglio reca un aforismo relazionato al tema, come "Il meglio non è il prodotto di una creatività insoddisfatta, bensì di un lavoro soddisfacente" o "Il capitalismo non è altro che l'ultimo passo nella sostituzione del mestiere per un lavoro, e la sostituzione di un lavoro localizzato (fabbrica) e temporizzato (orario), per un lavoro assoluto che resta disperso, esteso- spazialmente, temporalmente e funzionalmente- alla vita intera." Che modo migliore di racchiudere tutto ciò che si vuole esprimere attraverso un aforismo.
Nelle seconde due opere "Erosis (oficios de goce)" e "NOFONDOS", che si collocano nella stessa sala, abbiamo la possibilità di entrare a far parte dell'opera diventando anche noi un blocco di gesso consumato sulle stesse lavagne che si trovano affisse sulle pareti. Il tutto mi è sembrato quasi una metafora dell'attività umana. Ciò che realizziamo è ciò che ci consuma, ma è anche una parte di noi che stiamo cedendo, come dice un altro aforismo nel calendario di Moraza "Nel lavoro preferisco concedermi a vendermi", e noi come persone attive nella società facciamo parte di un tutt'uno, un fondersi di noi e della realtà circostante, in cui lasciamo un segno ed è questo che contribuisce a creare ciò che è fondamentalmente l'esperienza umana. In definitiva, ciò che crea Moraza nelle sue opere.
Tiempo laborioso

JuanLuis Moraza, Galería Esapacio Mínimo.

Cristina Sanz García

“Una obra de arte no quiere decir nada. Más bien hace decir, pensar, sentir”

Trabajo y tiempo. Son los dos aspectos en los que Juan Luis Moraza nos hace reflexionar. La pequeña muestra, pero muy significativa sobre la obra del artista, que se exhibe en la galería Espacio Mínimo está cargada de un mensaje muy reivindicativo. Lo que propone al visitante es una reflexión, totalmente personal, sobre el sentido del trabajo. Pero el término trabajo no solo referido al ámbito laboral, si no que este se ha extendido a muchas otras partes de nuestra existencia, de nuestra rutina y nuestra forma de vida. Hoy en día todo es trabajo y todo es trabajado.

Con cuatro únicas piezas que forman la serie Trabajo Absoluto (Calendario de fiestas laborales, Erosis, Nofondos y La fiesta como oficio),  que son una continuidad de sus anteriores exposiciones, llega para poner en entredicho la forma en la que vivimos nuestro tiempo. El trabajo significa esfuerzo, dedicación… y tiempo. Tiempo que se traduce en nuestra propia vida, nuestro tiempo de existencia. Para trabajar invertimos tiempo, por lo tanto, invertimos nuestra propia vida.
Como si de “El día de la Marmota” se tratase, el primer día de mayo, como día festivo por excelencia en nuestro país, se repite a lo largo de todo el calendario (bisiesto para más inri) que ocupa una pared entera. Pero cada uno de estos días, aunque parezcan iguales, un mensaje los diferencia a cada uno de ellos, con un lema o una justificación por la cual no debemos hacer del trabajo nuestro “leitmotive”. Esas frases se unen al piso inferior, donde esta vez en formato de audio se van repitiendo en una nueva instalación. Instalación, que no sabemos si por su formato o por el espacio, nos abruma. El sonido que se une y que taladra nuestra mente es el tic tac tic tac… del reloj situado en el centro de la instalación. Esto  enfatiza aún más el valor que le damos a nuestro tiempo. Hace reflexionar sobre estos temas de forma cada vez más profunda.

La última estancia formada por dos piezas, nos recuerdan el desgaste que sufrimos, materializado en “tizas” a escala humana, y pizarras repletas de dibujos y garabatos, donde el blanco inunda el fondo negro del plano. La mayoría son dibujos sin sentido, simplemente tienen la intención de emborronar la superficie aunque en algunos lugares podemos intuir alguna palabra escrita.
Esa intención de Juan Luis Moraza de hacernos sentir, hacernos pensar sin tener un mensaje marcado por el que debemos guiarnos, todo aquel que se ponga antes esta muestra llega a una misma sensación, una “inspección” de nuestra organización del tiempo, tiempo de trabajo y tiempo de ocio. Actualmente el sistema nos exige ser seres productivos más que seres humanos, que luchan para ser competentes y competitivos en su labor, donde el valor económico es lo único que importa, que tira por tierra las realizaciones personales de cada ser humano y que palabras como vocación quedan desvalorizadas y sin ningún tipo de sentido.


El escultor, por suerte o por desgracia, el artista en general tiene la fortuna de poder invertir su tiempo en la creación artística, donde volcar su pensamiento y su alma en la obra para transmitirlo al público. Gente congraciada que en definitiva su trabajo es su tiempo, y no al contrario. Sin lugar a dudas la obra de Moraza engancha al público, le remueve algo que a veces queda olvidado y que preferimos no pensar y es eso tan básico como organizar el tiempo y sentirse realizado. Un mensaje muy social y personal que tiene continuidad.

Moraza y la productividad infinita

Juan Luis Moraza. Trabajo Absoluto. Galería Espacio Mínimo
Cristina Salcedo Solís

“Cada vez más estamos obligados a ser productivos hasta cuando dormimos o cuando soñamos, hasta en el amor o la amistad, hasta en el descanso o la diversión. Si no contribuye a un incremento de la riqueza, vivir es considerado una forma de pereza”.

Con locuciones tan absolutamente lapidarias como esta, Juan Luis Moraza, profesor de escultura de la Universidad de Vigo y miembro fundador del CVA, conforma su primera exposición en la Galería Espacio Mínimo, Trabajo Absoluto. Si recordamos su exposición República, del 2014, encontraremos los motivos por lo que ésta nueva muestra es una continuación o desarrollo de la acogida en el Museo Reina Sofía –esos pequeños y firmes pilares alegóricos, esas estructuras delatoras que marcan el paso del tiempo, sin decirte hora alguna- además de las más antiguas, Implejidades (2010) y Software (2011).

Moraza, que parece tener predilección por las formas simbólicas, analiza una vez más la sociedad contemporánea, cada vez más desgastada y consumida. Sus gigantescas tizas antropomorfas, que sugieren una estrecha relación industrializada del hombre con sus decisiones, no son más que una metáfora de cómo éstas últimas horadan nuestra existencia de una manera sin duda paradójica.

Ya en República, el artista quería mostrar al mundo la complejidad de las relaciones del hombre, más aún, “la relación entre las partes y el todo, y el modo en el que uno forma parte de algo mucho mayor que él”. Concepto que, sin duda, podemos llevar a Trabajo absoluto: La industria. El trabajo. Cómo la primera ha transformado y distorsionado al segundo y lo ha convertido en un credo vital que envuelve cada resquicio de nuestro comportamiento de una manera casi mecánica. Lo que para Moraza representa un verdadero privilegio –su proceso creativo, su trabajo- se ha visto prostituido de tal manera por los procesos de industrialización –que son ya casi filosofía-, que desembocan en sentencias como “El trabajo no deja de tener un cierto parentesco con el miedo” o “Los expertos son los profetas de la religión del trabajo”, que inundan nuestros ojos en su obra “Calendario de fiestas laborables” –todas, las 366, por supuesto, el 1 de mayo, como si por gozar de un día propio se pudiera redimir el daño- y nuestros oídos en “La fiesta como oficio”, presidida por un imponente reloj, que casi parece enjuiciar, y que podría enloquecer casi tanto o más que un  corazón aún palpitante bajo el pavimento.

Las obras, que interactúan y se refuerzan entre ellas –como “Erosis”, aquellas ya citadas tizas de yeso antropomorfas, y “Nofondos”, pizarras negras blanqueadas por tiza- demuestran que el poder de aquello que está por encima de nosotros, ese todo del que somos parte, no solo afecta a una parcela de nuestra vida, sino que ha inundado cada uno de los ámbitos de la misma, que ahora no son más que monedas de cambio,  irremediablemente cuantificables.

Trabajo absoluto, porque queremos crear una ilusión de consciencia inalienable, de individualidad enfermiza, que quizá sea el efecto secundario de todo aquello que hemos construido y que extingue, paciente, lo que nos hacía diferentes. Porque incluso lo más privado e íntimo de nuestro ser ha de ser productivo, aunque nos creamos disidentes, aunque creamos que luchamos contra ello.


Juan Luis Moraza nos demuestra, una vez más, nuestro avance –o retroceso- social y, casi se diría, individual, mediante 4 obras portentosas, que a todos nos harán reflexionar sobre nuestra historia y persona, sobre cómo el pasado nos atrapa y nos señala con el dedo acusador que roza nuestras decisiones, decisiones que nos han creado a su imagen y semejanza. 

Persona presente

Juan Luis Moraza
(tRABAJO aBSOLUTO)


David Aranda


Mordaza: “Cualquier cosa que se pone en la boca de alguien para impedirle hablar”. Estoy  convencido de que cuando tú, que te encuentras leyendo esto ahora mismo, (en vez de realizar uno de los mayores placeres de este mundo que es el de participar y estar a la escucha de la música de la vida) cuando recapacitas sobre esta definición, es más que probable que lo primero que se te venga a la cabeza son los personajes de “Barrio Gramo” o más popularmente conocidos como “políticos” (habría que abordar y financiar un complejo estudio para encontrar un palabro que se adecue a estas especies tan singulares). Y es que, incluso la definición de “mordaza” se quedaría bastante pobre a la hora de explicar a cualquier ser “humano” lo que desde hace ya un puñado de años es trabajar en un país llamado España. 
J. L Moraza en Galería Espacio Mínimo presenta un adecuado número de obras dispuestas de manera casi sobresaliente en el espacio-tiempo, donde todas ellas emanan una extraordinaria radiación (a la que, el artista regularmente acostumbra en sus obras) crítico-social, más concretamente, en lo referente al trabajo, la educación y el espacio-tiempo. 
Uno se encuentra al pasar (si es que puede pasar) a Espacio Mínimo con un descomunal mosaico formado por pequeños cuadritos en cuyo interior aparece la hoja del calendario correspondiente al día 1 de mayo, esto es, el día del trabajador y por tanto, la fieshta ha llegado, pero quizá deberíamos preguntarnos si la fieshta ha finalizado alguna vez o por el contrario seguimos sumergidos en ella sin darnos cuenta (al menos el 90% de la spanish-society), en una fieshta contínua donde de repente, el mundo se puso del revés aquí, y resulta que, algo tan sencillo pero a la vez tan importante como puede ser el entendimiento de lo que moralmente está BIEN y lo que está MAL, se invirtió desafortunadamente, llegando a un estadio de “sabelotodismo desaforado” por parte de este 90% de spanish-society que, curiosamente, son, sin ellos saberlo (o sí), unos atrevidos ignorantes y frutos de la llamada “carcajada limpia” o “de la buena” a ojos de gran parte de espectadores, visitantes o turistas extranjeros y por supuesto de ese pobre 10% restante que, desgraciadamente o no, se encuentra muy próximo a enfermedades mentales o a vías rápidas y necesarias de valentía o cobardía como pueden ser por ejemplo actos como el suicidio o la emigración.
Llama la atención (al igual que el mosaico mencionado anteriormente), la “sala de las tizas y pizarras” una sala que podría bautizarse también como la “sala VIP de la fieshta”, y es que, no hay mayor fieshta que ver a profesores (ya sean de colegios, institutos y ante todo de universidad), sumergidos en una especie de utopia desfasada o de mundo “estricto-cómico” que genera como resultado un producto de seres “humanos” con un título, master o doctorado que sienta “de perlas” ante los ojos de familiares, conocidos y sobre todo ante ese 90% de “spanish-society” pero que, sin embargo, asisten sin ellos saberlo al funeral de su capacidad crítica y a una muerte fulminante de su imaginación, tendiendo así a imitar todo comportamiento, estilo y demás del mundo extranjero al encontrarse vacíos ellos mismos. 

Está fijado en el subsuelo, esto es, el “reloj de la vida”, ese reloj incesante, que nunca para, que el tiempo no pasa, que nos pasamos nosotros, un reloj que nos invita a ser nosotros mismos, a buscar la felicidad en las cosas más sencillas y humildes, a luchar contra los monstruos convirtiéndonos, inevitablemente, en uno de ellos. 

TRABAJO OMNIPRESENTE

TRABAJO OMNIPRESENTE

“Trabajo Absoluto”, Juan Luis Moraza - Galería Espacio Mínimo

Del 16 de Enero hasta el 5 de Marzo del 2016

Sara Pérez Alcalde


En la galería Espacio Mínimo de Madrid podemos contemplar estos días la exposición del escultor Juan Luis Moraza, profesor de la Universidad de Vigo. En dicha exposición encontramos algunos de sus trabajos más significativos, pretendiendo crear un diálogo entre el público y la obra, donde el observador deja la pasividad de la contemplación a un lado para involucrarse en el espacio museístico. En Trabajo Absoluto, el nombre de la exposición, Moraza expresa sus ideas sobre el trabajo en cuatro partes: La fiesta como oficio, Calendario de fiestas laborales, Erosis y Nofondos. Muestra con ello el sacrificio y el esfuerzo que conlleva el trabajo para lograr llegar a la recompensa por parte del trabajador. Pero con la llegada de la industrialización el concepto de trabajo cambia, ahora se considera un trámite a través del cual todo se monetiza y se transforma en economía.  Se ve aquí esa pérdida de identidad que da paso a unas nuevas relaciones y funciones entre el sujeto y el trabajo diario.

La obra Calendario de fiestas laborales se compone de dos piezas: por un lado, un calendario en el cual se lee “El trabajo es una mera continuación de la política por otros medios”, y por otro lado una colocación de las 366 hojas que forman dicho calendario, todas ellas marcando el día 1 de Mayo, el día internacional del Trabajo. En cada una de ellas hay un mensaje diferente en referencia al trabajo y el ocio en la sociedad actual. Nos expresa y transmite la idea general de que somos un medio sometido a la productividad del sistema, mostrando al trabajador como ese “alguien invisible” que trabaja para satisfacer a otro “alguien”. Esto se puede relacionar con todo tipo de trabajos, pero en especial con el trabajo del artista, que necesita llegar a la aceptación social. Él crea su propio calendario en el cual todos los días son 1 de Mayo, y guarda relación con la obra de La fiesta como oficio, que rompe con los convencionalismos sobre el tiempo y lo expresa en la recreación de una zona de obras, con cadenas y cintas en el techo sobre un reloj de agujas que avanza en sentido contrario, con la manilla girando hacia la izquierda.

Más curiosa es la instalación de Erosis y Nofondos, una sala donde encontramos una serie de tizas gigantes y pizarras con grafismos realizados con tiza, los cuales representan la acumulación de información y enunciados. Las pizarras aluden a ese horror vacui característico del Barroco, donde no se distingue ninguna forma concreta. Las tizas son un material que permite al artista expresarse, aportando esa libertad creadora útil para el trabajador. Nos está mostrando a tamaño real un medio con el que los artistas pueden desenvolverse y crear arte. El material que emplea es el yeso, irónicamente el mismo con el que los escultores suelen hacer los prototipos para sus obras. Con esta exposición, Moraza nos traslada la idea de que la productividad degrada el poder del trabajo y el trabajador, es el “trabajo absoluto” lo que aplicamos a todos nuestros aspectos cotidianos. Se nos obliga a crear y ser productivos mientras el tiempo pasa ante nosotros, con unos horarios marcados y es un tiempo que no regresa y al cual no podemos dar marcha atrás. Hemos aprendido a aceptar esto y a convivir con ello, pues a pesar de no estar de acuerdo, la noción de trabajo siempre formará parte de nosotros, siendo al fin y al cabo algo necesario, pues la felicidad se puede alcanzar a través del esfuerzo y el trabajo bien hecho.